jueves, 3 de mayo de 2012

Adiestramiento, circunstancias ambientales del individuo, experiencia y formación inciden en la conducta, pero no son necesariamente escrituras del ADN. Lo que se inscribe en el ADN tiene que ver con lo que está ya escrito; en estos términos podríamos hablar de lo heredado. El ADN tiene una escritura. Cuando las experiencias del individuo coinciden con esa escritura, ésta se refuerza y se continúa. ¿Con este criterio jamás podríamos aprender una conducta que no han experimentado nuestros ancestros? En la primera generación se establece un aprendizaje, dificultoso y no del todo exitoso. Ese aprendizaje marca una impronta en el ADN. Luego, en próximas generaciones, si ese aprendizaje se actualiza, va a aparecer en los descendientes con mayor fluidez y convicción.

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